¿Qué sentido tiene mi vida? Este interrogante, que ha inquietado al hombre de todas las épocas, hoy se plantea con mayor urgencia a todo el que quiera vivir su existencia de un modo verdaderamente humano. Estas páginas van dirigidas al hombre que encontramos en la vida, en la oficina y la fábrica, en el bufete o en la playa; al hombre que carga su haz de ilusiones y desilusiones, atado con su sueño de grandeza y su peso de miseria, al hombre indigente de la palabra más que de pan; de luz y compañía, de silencio y amor. Al hombre como yo, que escribo estas páginas y como tú que las lees; es mi yo y tuyo los que hacen un nosotros en la simpatía, com-padecer y com-unión. Como dice Unamuno al comienzo de Del sentido trágico de la vida, este libro habla del hombre concreto y al hombre concreto, “el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere”, pero “es el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, quien centrará las explicaciones que siguen”. Ése es mi deseo, dibujar ese rostro del hombre, que siempre se le puede seguir mirando y es siempre nuevo.