Hay enfermos imaginarios, que sin embargo están sanos: salud enferma, dolorosa pero no mortal; hay sanos imaginarios, sin embargo enfermos: enfermedad más peligrosa que la anterior, aunque indolora: afecta al Occidente, que por ciencias de la salud entiende el bienestar físico, aunque ignora los signos patognomónicos de su alma en decadencia.
Ni siquiera los más lúcidos pueden arrojar la primera piedra, pero darse cuenta constituye ya un primer signo de razonable esperanza salutífera. Luego vendrá el juzgar, y finalmente el actuar: de todo ello —una filosofía de la salud— se habla en este libro.